viernes, 30 de enero de 2009

Casi Famosos.

Casi Famosos narra la historia de un chaval de gira con uno de los grupos emergentes del momento. Ambientada en el '73, cada segundo del largometraje está empapado de absolutamente todo lo que fue ese movimiento musical, esa era, que tanto me habría gustado vivir... palpar.. saborear.
Gracias a Cleveland por recomendarmela. Enjoy (once again).

Cero en Conducta.

Comedia ligera sobre las aventuras y desventuras de un grupo de chavales camino a uno de los más memorables conciertos de los KISS en Detroid. Habría matado por ser uno de ellos, enjoy ;)
PD: Gracias a Granabuelo por recomendarmela, ¡al fin la encontré!

Link a Megavideo.

El reproductor se parará a los 72 minutos. Apagar el módem/router, esperar unos minutos, encenderlo y recargar la web. Seguir donde os quedasteis ;)

Hoy, ¡¡ya es un gran día!!

jueves, 15 de enero de 2009

Fallout 3.





















Si por un momento fuéramos capaces de plantearnos un apocalipsis nuclear de nivel mundial y de aceptarlo... viviríamos en Fallout 3. Ni más ni menos. La humanidad puesta al límite, luchando por la comida y el agua... por la supervivencia. Escasea la munición y las drogas, como aliviante para la cabeza, están a la orden del día. Un mundo reducido a escombros, al que no a todos cogió preparado (recuerdo pasar por una cafetería y encontrar un cadáver en el baño; o los ya míticos supermutantes por la radiación). Hay quienes incluso por la falta de alimento se han vuelto caníbales, causando brutales carnicerías masivas... aunque tampoco podríamos decir que los humanos sean muy abundantes. Y ahí estás tú: recién escapado de un refugio nuclear bastante trillado, en mitad del basto y duro yermo, sin nada en tus manos, sin donde dirigirte. Pronto empiezas a tomártelo con cierto humor, y a labrar tu papel de cucaracha en mitad de estas cloacas (preciosas, por cierto, espectacular despliegue gráfico)... ya sea como último azote de la humanidad o, como en mi caso, un trotamundos buenazo con cierto toque ácido y despiadado a la hora de actuar.
En resumen, la historia heredara de Troika que ahora desarrolla Bethesda (con el acierto del mismo motor, mejorado, de Oblivion) es para mí de lo más atractivo que desde hace tiempo he podido ver sin duda, literalmente. Os lo aconsejo si os gustó alguna entrega de The Elder Scrolls, el planteamiento es similar, cambiando la ambientación... pero, además, bastante más ágil: los combates son al más puro estilo shoot'em'up y no son precisamente aislados. Lo cual para mí, aunque a la crítica no le convenza, es magnífico. Y todo ello, al ritmo de delirantes canciones alegres de los años 50 que sonarán en tu radio portátil... ¡es aún mejor!

Para los que seáis algo nuevos en los RPG:
-Guía de Meristation.
-El enorme mapa con las principales localizaciones.
-Y el sitio web oficial de donde descargar parches. Arreglo de bugs y mejora en la optimización, además de añadir más opciones gráficas como las resoluciones para panorámico... imprescindible.

Saludos, y feliz post apocalipsis :P

lunes, 22 de diciembre de 2008

Jennifer Connelly.



Espoleado por una entrada reciente en Homo Insanus, sobre cine navideño, me di de bruces con ésta mujer. Como actriz principal en “The Rocketeer”, película que ni tan siquiera he visto (de momento). La cosa es que, en dicha entrada, había una foto de una jovencísima Connelly que me impactó… en la foto se podían distinguir sus curvas, ella apoyada en un espejo y posando sus manos sobre sus senos… no se veía nada, digamos, pero era de una hermosura y sensualidad soberbia. En tonos grises, casi podía distinguir sus ojos claros (y preciosos, ¡que ojos!) y sus carnosos labios rojizos. Aún no he logrado quitarme dicha imagen de la retina.

Hija de un comerciante textil y de una marchante de antigüedades. Creció en el barrio de Brooklyn, en la ciudad de Nueva York. A los diez años, unos amigos de la familia sugirieron a sus padres enviarla a una selección de modelos infantiles. Fue así como Connelly inició una carrera como modelo publicitaria. Pronto comenzó a aparecer en las portadas de revistas y más tarde en anuncios de televisión.
En 1979 le ofrecieron intervenir en una serie de televisión británica. A partir de entonces fue alternando su actividad como modelo con algún papel en producciones televisivas. Unos años más tarde, en 1984, tuvo su debut en el cine. Un director de casting la presentó al director Sergio Leone, que buscaba una actriz joven que supiera bailar para su película Erase una vez en América. A pesar de que Connelly no apareció más que unos minutos en pantalla, fueron suficientes para poner de manifiesto su talento como actriz. Sin embargo, su lanzamiento a la fama la logró en 1991 con el film "The Rocketeer" junto a Timothy Dalton donde destacó su belleza y capacidad escénica. Así consiguió al año siguiente su primer papel principal en Phenomena, película que cosechó mucho éxito de taquilla en Europa, pero que desafortunadamente fue distribuido en los Estados Unidos en una versión censurada. En los años siguientes siguió obteniendo papeles en el cine, algunos en películas poco relevantes, pero otros en películas que tuvieron buena acogida por el público. De esta forma, Connelly se fue convirtiendo en una actriz conocida, y apreciada por los directores.
Más recientemente Connelly recibió el reconocimiento por su trabajo, cuando ganó en 2001 el Oscar a la mejor actriz de reparto, un Globo de Oro y un premio de la Academia Británica de Cine.
Connelly está casada con el también actor Paul Bettany, compañero de reparto en Una mente maravillosa con el que tiene un hijo, Stellan Bettany, nacido el 5 de agosto de 2003. Tiene también otro hijo, Kai, nacido el 6 de Julio de 1997 de una relación anterior con el fotógrafo David Dugan. –Wikipedia.


En fin, que más decir? Su biografía habla de lo buena actriz que es, y yo sobre su apabullante belleza. Esos ojos… esa pose… ese cuerpo…

Por ella, que hace unos días ando por El Cielo.

Y como bono:
-Desternillante escena que juro haber encontrado en Youtube al azar.
-La foto a la que me refería.
-Y otra foto más actual pero... directa. Sin palabras más que esta: preciosa. Carnaza de google por desgracia... o no.

PD: ¿me marcarán el blog por esto?

sábado, 15 de noviembre de 2008

Historia de Kelembor, Señor del Fin de los Tiempos. (Parte 7)

Me pareció algo burdo postear sin más este trozo de la narración, que sin duda es el que más he trabajado. Así que, propuse a Isilme un proyecto... pero no pudo ser, por falta de tiempo. No obstante, retomé mi viejo Flash 2004 y me puse manos a la obra... he tenido muchos problemas, la verdad, mitad por el tiempo que hacía que no lo tocaba y la otra mitad por problemas técnicos con él... pero bueno, una noche enterita y lo he logrado:


Son apenas 8 MB, contiene música y un poco de chicha para darle fuerza al texto. El archivo lo podréis abrir con vuestro navegador siempre que tengais instalado el Adobe Flash Player. Una vez abierto, os aconsejo pausarlo (el menú de reproducción lo encontraréis pulsando botón derecho sobre la imágen) y adaptándola a un tamaño en el que veais que ya no se degrada (el tamaño ideal es 900x436 pxl). Evitar aplastarlo horizontalmente, pues vereis los frames del texto como aparecen debajo, y se rompe un poco la mágia :)
Espero que os guste, y para los que querais leerlo llanamente luego... aquí os dejo el texto:


**Las siguientes frases se encuentran escritas en el borde del grimorio, desordenadas, escritas en sangre, con gotas a los lados. En la última frase, la pluma cortó el papel.**

“Tengo un mensaje de mi señor para ti… es este: Bienvenido. Bienvenido a la fría muerte…”

“Despídete de todo a los que ames, pronto engrosarán nuestras filas…”

“Comandante, sus castillos caerán… sus muros serán derribados… su alma, será mía!”

Ni siquiera sé a quién escribo, o si puede que tras tanto tiempo ya carezca de significado hacerlo. Puede, incluso, que aquellos que me acechan puedan utilizar esto para acabar conmigo… siempre están, todos a cuantos les he contado esto han muerto prematuramente… tan solo mi sombra, si es que es ella, sobrevive a mi contacto.
Ya no tengo nada que perder, soy un alma en pena que tan solo quiere buscar un solo segundo… ¡un maldito segundo! de sosiego… de silencio. Esa voz, incesante como la transición de noche a día, incansable… me intenta convertir en lo que otrora fui inconscientemente, centro de desgracia, muerte, el centro de todo aquello que pudiera significar caos en su estado puro.
Hace apenas unas semanas que abandoné todo aquello que conocía… mi líder, Akiles, al que juré eterna lealtad… La Perla, quién recientemente había logrado acabar con el mismísimo Illidan… todos mis amigos, conocidos… quedaron atrás, ya no deben estar para el momento en que ocurra lo inevitable… sería imprudente por mi parte, exponerlos a algo así, egoísta sin dudar.
De aquí a allá, el mundo demuestra como se cubre rápidamente de una sombra tan oscura, tan espesa… y tan perceptible como las plumas de ébano del cuervo. El mundo, el viejo mundo, ya no es viejo… solo ha enmudecido, tal vez calle para hacerse el interesante, tal vez para concentrar las voces que oigo……. o solo tal vez porque el cambio que en él se espera no pueda ser nombrado. Los animales no emiten sonido, no hay niños en la calles. Solo paseantes atareados. Pasos mudos.
No obstante, la gente balbucea el regreso de la plaga. Con el corazón helado, allá por donde paso, escucho los chismorreos que lo mencionan.

*A la siguiente página*

Hoy, ahora, he matado a un inocente. He visto como, su piel se desgarraba… he notado como sus órganos dejaban de funcionar… como por el pánico su corazón se detenía en décimas de segundo. Y su mirada, clavada en mis ojos, en una mueca de arrogancia, mientras el cuerpo de ese pobre granjero se podría y se transformaba en la de un necrófago. Me provocaba. Y gritaba, y gritaba… aún pese a que sus facciones eran controladas, el dolor de todo ello jamás podría ser callado… Fue casi instantáneo, le partí en dos, en diagonal, con mi hacha… y antes de caer al suelo se deshizo en polvo, un polvo claro, no espeso, no emitía calor ni había restos de carne ni hueso: solo polvo. El lugar se vació de inmediato, todos se encerraron en sus casas… el tiempo suficiente para fijarme que durante el ligero combate, mi capucha se bajó: en la ventana podía ver mi cara, sonriendo, divertida, orgullosa. Muerte aullaba de hambre.

*En la siguiente página la entrada contiene un dibujo cuidado. La ilustración muestra detalladamente como un ave de color negro se alimenta de la carroña de un brazo humano.*

Ya ha empezado. Ha sido un cambio demasiado rápido como para ser siquiera percibido. Azeroth, el Viejo Mundo… es el inicio del Fin. El último acto mortal entre el bien y el mal.
La Plaga, azote de la humanidad, se esparce por la faz del mundo… y Terrallende. Cual virus, una epidemia, una pandemia… no se puede detener. No es como la primera invasión, es más mortífera: el más mínimo contacto, aunque sea para acabar con ellos, y un mortal será infectado. Incubará durante apenas unas horas, sin darse cuenta, lo que le matará y le transformará el un soldado más a sus filas. El granjero que ayer maté tan solo era de los primeros…

*La letra cambia violentamente, tornándose más alargada, fina y profunda*
“¿Por qué luchar por algo que tantas veces te ha hecho dolor? No eres como ellos… No existe el honor en luchar contra ti mismo…”

E… *borrón* El pueblo, entero, ha muerto. Poco después de que entraran en sus casas empecé a escuchar ruidos… todos, o casi todos, eran no-muertos infames. Marionetas. Acabé con los necrófagos, uno por uno, mientras el ligero viento barría a mis pasos. Acabé con los vivos, algunos lo entendían, otros me maldecían… pero solo una niña, pequeña e inocente, será la que recordaré. Me miró a los ojos, me ví reflejado en ellos, eran brillantes y verdes… no sonrió, ni se estremeció cuando mi acero le atravesó el estómago… solo dijo con una voz tan dulce como el sonido de una caja de música: Bienvenido, Caballero de la Muerte. Borbotearon algunas gotas de su boca, y se desplomó. Hoy, he matado a ciento setenta y dos inocentes, ahora, carroña para los cuervos.


*Siguiente página. En los laterales hay algunos garabatos. Y palabras desordenadas, sueltas: “Sangre, Hielo, Impío…”*

Las Tierras Devastadas, las del viejo imperio de Lordaeron, Cuna de Invierno, Tanaris…. todos han sucumbido al azote. He estado en varios de los lugares, buscando respuestas, el origen de todo… y solo he encontrado fanáticos heraldos. Imbéciles que tienen los ojos vendados. Ninguno ha respondido, todos ahora yacen inmóviles en el suelo…
Las necrópolis se han puesto en marcha, surcan los cielos lentamente. Ya no hace sol, y cuando lo hace, ellas lo cubren. Sumido en la oscuridad, la desesperanza toma las riendas…
Fue en tierras devastadas, donde viejos compañeros de La Perla Negra perecieron en combate contra la hueste. No poder decirles nada. No poder ayudarles… Impotencia, la maldita impotencia. O tal vez no quería, ya no lo sé, ya no lo sabré. ¿Acaso no hay nada que pueda hacer? Estoy condenado a ser el último, tan débil y frágil… tan fácilmente destruible. ¿Es este el Fin de los Tiempos de verdad?
No. Puede, tan solo puede, que lo que siento sea cierto. ¿Qué tengo que perder si me rindo? Nada, ya está todo perdido. Puede que deba seguir mi instinto, puede que Arthas tenga razón…

Mi corona me lo revela. Debo ir al extremo este de las tierras de la peste del este, más allá de Mano de Tyr.

***
Acherus, la segunda mayor necrópolis de la Plaga, asolaba las tierras del Enclave Escarlata. Millares se habían refugiado en los últimos días aquí, como última esperanza, por el fanatismo de sus gentes contra la Plaga. Acabar con ello, sería acabar con todo para la humanidad… un astuto movimiento. El propio Arthas regentaría la parte superior. Una escuela de muerte para aquellos que como yo, se entregan. No me detuvieron, me miraban, me vigilaban, pero me esperaban… y llegué ante él:
Impasible, de pie, agarrando a Frostmourne con extrema fuerza… casi con miedo de que se le resbalara. Ataviado en su armadura, en el yelmo de Ner’zhul, un acero tan negro como la propia sombra del mundo… es posible que tan solo fuera la silueta de él mismo. No revelaba nada más, su poder era palpable. No respiraba. Solo me observaba.
Aguanté la mirada, aún mantenía mi obstinado orgullo pese a todo. Jadeaba, estaba agotado… ni siquiera recordaba la última vez que me alimenté o bebí… que sería de aquellos tiempos de abundancia… Mi corona, mi armadura, parecía tan ajada que una embestida me despedazaría cual trozo de madera.
-Kelembor, Señor del Fin de los Tiempos. ¿Y eso es todo? Un cansado enano, orgulloso y no mortal.
-No me subestimes, Arthas.
-He invertido mucho tiempo en ti. He visto como lo as perdido todo, como te escondías, como buscabas… eres el ser, que pese a seguir vivo, más ha sufrido. Debo admitir, que tu tormento me resulta divertido.
-Eres un sádico…
-¿Y tú lo dices? Solo te he demostrado quién eres, te he visto disfrutar en ese estado. Eres la Guerra, pero también la Muerte.
-Deje de serlo hace demasiado. El mundo ya es tuyo, aunque la guerra durara eternamente, tu ventaja ya es demasiado evidente… ¿Por qué la atención en mí?
-Porque tú si mereces la pena. Ambos fuimos mortales, y ambos hemos decidido no serlo… perdurando poderosamente. Antaño fuiste imparable, temido, arrasabas poblaciones y adorabas el poder de la Muerte, el Trono que ahora ni tan siquiera contemplas. Eres un simple guerrero, poderoso si, pero nada más... usas la fuerza bruta para acabar con todo, estrategias de movimientos tan predecibles que resultan absurdas. Ansias venganza para aquellos que te torturaron. Deseas purgar todo el mal que azota la Tierra Media... no para que el equilibrio prevalezca, sino para comprar tu propio perdón por el daño que causaste. Eres un hipócrita.
-Lucho por lo que creo que es más justo.
-Luchas contra ti mismo, no hay honor en ello. Sé quién debes ser. La Guerra y la Muerte, yo te recordaré como usar este último.
-¿Por qué?
-No tienes nada que perder, recuerda. Hagas lo que hagas, aunque tarde más sin ti, ambos sabemos como acabará todo. El Fin del Mundo está escrito de mí mano. Si eliges, puedes irte, no te mataré por hoy… y puede que así me ofrezcas algunos días de distracción en el futuro.
-¿Tengo elección?
-La pregunta debería ser: ¿quieres elegir? Has sido más tiempo Señor de la Muerte que tu mismo. Disfrutas con ello, sabes que serías mejor. Eres un mal necesario, alguien debe hacer tu trabajo. Pero tu maldita ética te impide racionarlo. ¿Crees que soy el malo? Debo devoción a lo que soy, sin más, otros intentan acabar conmigo... yo los destruyo. Soy necesario para que unos tengan una batalla por la que morir, un hecho por el que vivir. Te ofrezco la oportunidad de que tú conozcas lo que eres de verdad. Un ser completo.


Asentí y Arthas se me abalanzó. Frostmourne atravesó mi peto de malla, mi piel… y mi cuerpo. Sus ojos se clavaron en los míos mientras me agarraba con desprecio por la capa, como el desollador que espera que su animal se desangre. Muerte sobre la inmortalidad, jamás pensé que sentiría algo así… podría describirlo, pero pasadas varias páginas, no habría logrado nada. Me levantó, podía sostenerme de pie. Mi cansancio se esfumó, ya no tenía hambre ni sed. En su oscura armadura, me vi reflejado. Mis ojos se abrían tornado tan brillantes y azules como los suyos… mi piel, oscura como todo lo que ya había.
-Bienvenido.
Mi entrenamiento empezó al instante. No había descanso, tampoco sentía necesidad de ello. Me resultaba natural, no había mayor dificultad. Cuando me creyeron preparado ascendí rápidamente de rango y lideré otros Caballeros de la Muerte en el asalto de esas tierras. Los encargos se enlazaban, e incluso Arthas estaba satisfecho de mi trabajo. Ya podía dominar a Muerte de nuevo, y su faceta más sádica me había sido desvelada. No quedarían supervivientes, ni para decir que los había.

Habían pasado meses, casi dos años desde que desaparecí. El mundo se había vuelto aún más duro, frío, que antes. Las civilizaciones no solo estaban en guerra contra la plaga, sino contra ellas mismas. El caos.
Algunos mortales me tachaban de traidor, mi leyenda se había esparcido. Cumpliría mi sobrenombre.

Arrasar la Capilla de la Luz, centro del Alba Argenta, era el objetivo. Pero me aparté de mi pelotón, y en mi caballo muerto cabalgué veloz hacía el sur… lejos de los dominios de Arthas. Casi podía oír sus susurros, histéricos, maldiciéndome. Ya no le necesitaba, me infravaloró: le utilicé. Acallé su voz, ahora ya podía, ya tenía suficiente poder. En cada asentamiento mortal que pasaba provocaba pavor, nadie osaba siquiera levantar un arma en mi contra.
Llegué a Ventormenta. Mi corona ya me había avisado que La Perla Negra se preparaba para partir hacia el norte para combatir la plaga desde su núcleo. La ciudad era un atisbo de lo que fue. Parecía fantasma, sus habitantes parecían enfermizos… famélicos. El paso firme y pesado de mi nueva y oscura apariencia, sobre los pavimentados suelos, resonaba en la mente más inocente. Llegué al puerto. Se encontraba amarrado el barco cuya tripulación había sido lo más similar a lo que jamás conocí como familia. En el puerto, una fugaz sombra de lo que antaño habían sido mis más cercanos amigos… Krizos, Castillo y Yavoy. No se asustaron, la maga parecía incluso contenta de volverme a ver… hasta que me vio de verdad. Desmonté, y libré mi cabeza de su yelmo.
-El mundo ha cambiado, para mal, yo he cambiado con él. Lo que veis, es lo que soy. Ahora, al fin, soy entero.
-¿Qué esperas de nosotros, traidor?- Aclaró Krizos, tajante.
-Nada. Del mismo modo que pretendía que no esperarais nada de mí. No iba a traicionaros, ni a mataros…
-Inocentes han caído en tus manos. –Finalizaba, Castillo.
-Los peones tienen que arriesgarse, y a veces morir, para dejar paso a piezas más pesadas y poderosas. Azeroth está a las últimas, y necesita de medidas desesperadas. Pensarlo, ¿que habríais hecho en mi lugar?
*Silencio, y nada más.*
-El fuego se combate con fuego, y si fracasamos, nos quemaremos con las llamas del infierno… porque no habrá otro lugar para nosotros, ni muertos, ni vivos. Es el último acto de la era que conocemos. En vuestras manos queda elegir agarrar esta poca esperanza.


Les convencí. Pronto entendieron que no tenían nada que perder. Juré eterna lealtad a Akiles y a su causa, y no le fallaré.

El Fin de los Tiempos ha empezado…